Siempre he creído que escribir en internet cobra verdadero sentido cuando dejas de mirar las estadísticas y comienzas a mirar a las personas.
Este espacio no es un directorio frío de enlaces ni un intercambio de favores. Es, sencillamente, mi cuaderno de agradecimiento. Aquí reúno las bitácoras y rincones de compañeros y compañeras a los que admiro, a los que leo cuando el cuerpo me pide pausa y cuyas palabras me han acompañado, enseñado y arrancado sonrisas en los días buenos y en los no tan fáciles.
No hay requisitos para estar aquí ni formularios que rellenar. Solo hay cariño, respeto por el oficio silencioso de compartir historias y ganas sinceras de decirte: «Pásate por sus casas, léelos con calma, que te van a encantar.»
— Miguel