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La gran aceleración: qué descubrí sobre la evolución de la IA tras un año en silencio

Miguel A.L.M.
Por Miguel A.L.M. 5 de septiembre, 2026

Estar doce meses desconectado de la inteligencia artificial no equivale a tomarse un año sabático; se parece más a hibernar en una cápsula criogénica y despertar en un mundo donde alguien ha alterado las leyes de la gravedad sin molestarse en dejar una nota explicativa.

La pantalla suspendida en la penumbra cortó el aire de la habitación con ese resplandor blanco y familiar. Rescaté de un rincón olvidado del disco duro un archivo donde guardaba mis viejos mega-prompts: auténticos artefactos de tres páginas, atiborrados de condiciones quirúrgicas y restricciones maniáticas que escribí, para qué nos vamos a engañar, con la solemnidad de quien cree que ha inventado la pólvora. Hace un año eso hacía toser a los servidores; hoy es arqueología.

Pegué el bloque de instrucciones. Apenas rocé la tecla de envío.

Ni siquiera me dio tiempo a acomodar la espalda en el colchón. La respuesta no se desplegó con esa cadencia asmática y masticada de antaño; brotó de golpe, limpia, hilvanando deducciones complejas y desarmando sutilezas de contexto con una soltura que rozaba el descaro. En ese par de segundos ocurrió el cortocircuito biológico: la dopamina pura de quien presencia magia colisionando de frente con la señal de alarma que la amígdala dispara cuando algo sobrepasa tus mapas de la realidad. Un año de silencio, y la evolución de la inteligencia artificial no ha sido un avance previsible; ha sido una sacudida tectónica en velocidad y capacidad de razonamiento.

Me apasiona esta tecnología. Sería un hipócrita si negara el asombro casi infantil de asomarme a semejante abismo de código. Sin embargo, aplaudir el salto técnico sin mirar el suelo que pisamos se parece demasiado a deslumbrarse con el estallido de los fuegos artificiales mientras el tejado de casa empieza a arder.

Con un prompt milimétrico hoy puedes hacer que un algoritmo te vista una historia de gala. Tanto es así que las plataformas digitales se han convertido en un vertedero sofisticado donde brotan cada mañana mil novelas clónicas. Son tramas aritméticamente correctas, con los giros de guion calculados al milímetro en el porcentaje exacto de lectura y resoluciones predecibles como el tic-tac de un reloj suizo. Todo pulcro. Todo muerto. Escribir jamás ha consistido en acertar con la combinación estadística más probable entre dos palabras. El estilo de un autor habita en sus grietas, en la herida mal cerrada, en la contradicción biológica de quien titubea sobre las teclas porque la memoria todavía escuece. La máquina calcula la partitura con una exactitud intimidante, pero jamás ha tenido que convivir con el insomnio ni sabrá jamás a qué sabe el barro de una derrota humana.

Una mano de bronce solitaria se extiende desde la oscuridad hacia un objeto suspendido.

El peligro inminente, sin embargo, no descansa en las librerías colonizadas por fantasmas de silicio. El verdadero golpe se está perpetrando a puerta cerrada, en los balances trimestrales de miles de empresas y bajo una indolencia colectiva aterradora.

La inteligencia artificial está decapitando sin ruido el primer peldaño del mercado laboral. Todas aquellas tareas formativas que durante décadas sostuvieron a los profesionales junior —el análisis preliminar, los borradores iniciales, la criba de datos, el código básico— han sido absorbidas por modelos automatizados en cuestión de meses. Y las organizaciones, presas de una miopía salvaje y de la aversión a la pérdida más primaria, aplauden el ahorro inmediato mientras dinamitan la base de su propia estructura. La trampa es evidente: si liquidas el escalón donde tropiezan y aprenden los aprendices para maquillar las cuentas de hoy, ¿de qué cantera saldrán los maestros de dentro de una década? Estamos devorando el grano de la próxima siembra y lo celebramos en los informes corporativos como un milagro de eficiencia.

La fractura se vuelve abismo cuando la imagen entra en juego.

En solo doce meses hemos cruzado ese umbral irreversible donde los vídeos sintéticos son indistinguibles de una lente física: el poro de la piel, la microexpresión temblorosa de una mejilla o la mota de polvo suspendida en un rayo de luz. Basta un archivo de vídeo bien colocado en redes para dinamitar la reputación de un líder, orquestar una crisis de Estado o polarizar a una sociedad en cuestión de minutos.

Pero el reverso es todavía más siniestro: el dividendo del mentiroso. A partir de ahora, cuando salga a la luz una grabación real, comprometedora y sucia de un crimen cometido en las altas esferas, al culpable le bastará una sonrisa cínica y una frase de cuatro palabras: «Es un montaje de IA». Y hoy por hoy, no existe en este planeta un sello universal, incorruptible e inequívoco capaz de demostrar lo contrario al instante. Hemos soltado al artefacto a rodar sin dotarnos de una balanza para medir la verdad.

Diseñamos un motor de propulsión supersónica fascinados por la fuerza del empuje, olvidando comprobar si los frenos estaban conectados antes de lanzarnos al vacío. La máquina seguirá acelerando, depurando su velocidad y aprendiendo a calcar nuestros ritmos con una precisión milimétrica.

El verdadero dilema no es si el algoritmo llegará a escribir con alma, sino cómo va a sostenerse una civilización que ha decidido seguir corriendo a oscuras tras quemar, para siempre, el valor testimonial de sus propios ojos.

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Relatos & Letras
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Miguel A.L.M.

Amante de los libros, los relatos, el código y el café de madrugada. Comparto historias y experiencias con tecnología desde mi rincón personal. Conoce más en Sobre mí.

«Escribe con las tripas, edita con el cerebro.»

13 Reflexiones compartidas

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  1. Querido Miguel:

    Sorpresa tras sorpresa contigo. Gratas todas, por supuesto. Todo este análisis que haces sobre lo que pasó en un año con la IA y lo que recuerdo que en aquel tiempo escribiste sobre ella, demasiado tecnicismo para mi pobre memoria, distan un poco. Nos hiciste ver infinidad de bondades de la IA, y no dudo que las tenga, pero ahora aparecen otras cuestiones que asustan un poco.
    Y mira lo que te digo de mi memoria, que ahora recuerdo que nos enseñaste lo que era o cómo hacer un «promt» y ahora no viene a mi memoria lo que practiqué en ese tiempo. Bueno, eso es aparte.

    Por otro lado, la pulcritud de tu escritura se supera cada vez, si esto pudiera ser posible. Me encanta cómo escribes y creo que siempre te lo dije.

    Después: tremendo ingenio para la realización de tu web. No me la he terminado y veo que promete cosas muy interesantes en cada sección. No he visto otra como la tuya, en verdad. Sí, me impresiona. Cada detalle, todo tan cuidado.

    Y… ¿Qué es esa fotografía? Mira que me hace pensar que si yo hubiese descrito a la IA ciertas características de un hombre como lo veo allí, me hubiera salido algo así. O también pudieran ocurrírseme muchas cosas en relación a esa imagen que imagino que ahora te representa.

    La cosa Miguel es que, también aparte, aún no sé si lo que estoy viviendo es real pero lo que sí, me encanta y me parece mágico.

    Te dejo un abrazo hinchado con millones de partículas de cariño contenido.

    1. ¡Querida Maty!

      Qué alegría tan grande leerte siempre por aquí y recibir esa calidez tan tuya. Te agradezco de corazón tus palabras y el tiempo que te has tomado en recorrer la web.

      Me alegra muchísimo que te guste cómo ha quedado este nuevo espacio. Esta versión 2.0 la tenía prácticamente lista y maquetada justo antes de que me ingresaran y desconectara; así que al volver, solo he tenido que darle el remate final y abrir las puertas.

      Respecto a la imagen de portada, la generé precisamente para acompañar ese inicio del texto: esa figura en la penumbra, frente al resplandor de una pantalla suspendida, intentando plasmar ese momento casi irreal de volver a encender la máquina y asomarse de nuevo al abismo.

      Y sobre la inteligencia artificial, tienes toda la razón: ni yo mismo me esperaba una aceleración tan salvaje en solo un año, de ahí que ahora esté algo preocupado. Trae cosas fascinantes y herramientas muy potentes, pero también abre caminos que son un auténtico agujero negro: como el vaciado de los primeros empleos o el peligro de que ya no podamos creer en lo que ven nuestros propios ojos—, que para mí tienen una gravedad enorme. Imaginaba que llegaría, pero no tan rápido…🤔

      Muchísimas gracias por tu visita, por leer con tanta atención y por estar siempre cerca.😘

      Te mando un abrazo enorme de vuelta, con todo el cariño y la gratitud de siempre.🫂💛

  2. ¡Hola, Miguel! Me he estado paseando por la nueva casa y ya he encontrado varias cositas interesantes para leer. Eso sí, te pido por favor que no te me vuelvas loco publicando cuatro artículos al día, jajaja 😁

    En cuanto a la IA, poco puedo decirte que tú no sepas ya. Este año ha sido una locura lo rápido que ha avanzado. Comparto tu preocupación sobre cómo va a influir en el mercado laboral. Todavía no se nota mucho, pero creo que será más pronto que tarde, y no para bien. Vamos camino de tener que reestructurar la sociedad de otro modo, porque no quedará otra opción. Y lo de que ya no podemos fiarnos de lo que ven nuestros ojos, tres cuartos de lo mismo. Esa es la parte oscura de estas herramientas, que por otro lado también tienen mucho de positivo. La realidad es que, como todos los avances, son imparables… y en este caso ya debería estar regulado.

    Un abrazo 🤗

    1. ¡Hola, Beatriz!

      ¡Jajaja, tranquila, que te prometo que no voy a publicar cuatro artículos al día! (Aunque sobre lo de volverme loco… me temo que ahí llegas con bastante retraso, jaja 😉). Me alegra mucho que hayas encontrado rincones interesantes en el paseo por la casa nueva.

      En cuanto a lo que comentas de la IA, coincido contigo de la primera a la última línea. Como bien dices, este avance es ya imparable; y a mí la tecnología en sí me apasiona, no puedo evitarlo, tiene un potencial brutal. Pero lo que verdaderamente me preocupa y me enciende las alarmas es la falta absoluta de regulación.

      Meter un cambio de este calibre en la sociedad, con el impacto que ya asoma en el empleo y en esa pérdida brutal de la certeza sobre lo que ven nuestros ojos, sin haber puesto unas reglas mínimas sobre la mesa, es una temeridad enorme. Toca adaptarse, claro que sí, pero da rabia ver cómo siempre se legisla cuando el agua ya llega al cuello. Aunque bueno, tampoco toca sorprenderse a estas alturas, ¿verdad?

      ¡Muchísimas gracias por tu lectura tan atenta y por dejar tus impresiones!

      Un abrazo enorme 🤗

  3. Hola, Miguel, vaya, ha cambiado un poco tu idea sobre la IA, ¿verdad? Yo también escribí hace poco sobre ella y el futuro de la humanidad. No sabemos qué va a pasar, la verdad, pero bueno, podemos ironizar, criticar…, sobre ella, de todas formas no sabemos cómo irá evolucionando porque no somos adivinos. Está claro que estamos ante un hecho histórico muy importante y debemos gestionarlo todos muy bien para acogerla bien y que no acabe con nosotros, adaptarnos, supongo, como siempre hemos hecho.
    Lo que me «fastidia» de la IA es que, como tú has hecho ya, los que escribimos tendremos que poner lo de «hecho por un humano» para que no se interprete lo contrario y esto me duele, porque, como escritora, pienso que siempre se va a cuestionar lo que escriba y, ¿cómo evitarlo? Dará igual lo que haga o si pongo «está escrito por mí», dará igual, porque la gente lo juzgará. Yo, por si acaso, si alguna vez me hago famosa, tengo mis libros escritos a bolígrafo en cuadernos, ahí está la prueba de que no utilizo IA. Y así seguiré.
    Un abrazo. 🙂

    1. ¡Hola, Merche!

      Tienes toda la razón del mundo: no somos adivinos y nadie sabe a ciencia cierta por dónde va a salir esto, pero te confieso no esperaba que la aceleración fuera a ser tan salvaje en tan poco tiempo.

      Y entiendo de maravilla ese pellizco que sientes con la escritura. Estamos los que llevamos toda la vida dejándonos las pestañas escribiendo, con relatos en antologías, publicaciones y textos a mano mucho antes de que las máquinas supieran juntar dos letras, y enfrente están las fábricas de libros clónicos que se generan en tres clics. ¡Así que guarda esos cuadernos a bolígrafo como oro en paño, que cualquier día cotizan como pruebas forenses de autenticidad! jaja

      Pero sí, tal cual: a partir de ahora, exactamente igual que ocurre ya con los vídeos o las fotos, todo lo que publiquemos estará bajo la lupa permanente de si lo parió una persona o un algoritmo. Nos tocará convivir con esa sospecha, aunque a los que escribimos por necesidad visceral y oficio seguiremos al pie del cañón, como siempre.

      ¡Un abrazo enorme y te mando un dragoncito custodio/lagartija espabilada para esos cuadernos! 🐉🙂

  4. Si lo pensamos bien, creo que no está pasando nada que no supiéramos. Yo, el problema que veo —y habrá que comérselo sí o sí— es que la mayoría de la población mundial consumirá toda la mierda que la IA sea capaz de crear, copiar, imitar o como quieras llamarlo. Que esa supuesta mierda sea mala, regular o buena acabará por importarnos un carajo. Se meterá tanto en nuestras vidas como lo hizo internet. Y lo único que nos importará será que ya nunca nos quedemos sin ella.

    1. ¡Buenas, compañero!

      Cierto: se veía venir a la legua y no está pasando nada que no estuviera ya en el guion.

      Has dado en el centro de la diana: nos la vamos a tragar con patatas, sea mala, regular o un clon infame, exactamente igual que pasó con internet. Primero se debate, luego nos acostumbramos al ruido y, al final, lo único que le importará al personal es que no se caiga el servidor y que la maquinita siga escupiendo respuestas al instante.

      A mí lo que verdaderamente me quita el sueño no es tanto la cantidad de morralla que genere, sino la pasividad pasmosa con la que se ha dejado correr esto sin regular un solo milímetro. Aunque bien pensado, viendo el historial de cómo gestionamos cualquier tecnología desde que descubrimos el fuego, bastante milagro es que el ser humano no se haya extinguido todavía.🤔

      ¡Un fuerte abrazo, compañero!

  5. Hola, tocayo.
    Tu reflexión sobre el avance de la ÍA tiene el valor añadido de que está escrita por alguien que la valora y está a su favor. Citas algunos argumentos que están relacionados con distintos trabajos a los que está quitando sus funciones-cosa que ha ocurrido con la informática e Internet de modos muy evidentes-, pero está quitando cierta cualificación a quienes lo desarrollaba . En fin, como tendremos que vivir con ella a pesar de todo, confiemos en que se vayan poniendo puertas al campo.
    Un fuerte abrazo 🙂

    1. ¡Hola, tocayo!

      Muchas gracias por tus palabras. Has dado en un punto clave que a menudo pasa desapercibido entre tanto titular efectista: la pérdida de cualificación y de oficio.

      Cuando la tecnología ayuda a quitar trabajo mecánico no deseado, fantástico; pero cuando empezamos a delegar la parte de pensar, de crear o de dominar un oficio desde la base, corremos el riesgo de desaprender cosas que luego cuesta generaciones recuperar. Precisamente por gustarme tanto la tecnología y haber convivido con ella toda la vida, creo que nos toca mirarla sin vendas en los ojos: ni apocalipsis absurdo ni aplauso ciego. Y sí, con la inteligencia artificial tengo un sentimiento encontrado que es más reciente…

      Y sobre lo de ponerle puertas al campo… me temo que llegamos tarde, como casi siempre; pero al menos confiemos en que alguien ponga un buen quitamiedos antes de la curva.

      ¡Un fuerte abrazo, tocayo! 😊🫂

  6. Hola, Miguel. He leído ya algunas cosas tuyas, no sé por qué tenía la impresión de que en algunas secciones los comentarios estaban cerrados y de que solo podías dejar tu «chispa». Bueno, la verdad que me interesa mucho todo lo que tienes que decir de la IA. Sobre todo hoy, que vemos gente renunciando y alertando que esta tecnología maravillosa podría salirse de control. La IA no es mala en sí, lo malo es la forma en la que los humanos están manejando su avance. Una carrera vs el tiempo para ser los primeros y que los competidores se queden atrás, sin importar nada más. Y bueno, espacio aparte para lo de los trabajos y profesiones que se está ya cargando la IA. En fin, ya estamos en este camino y no creo se pueda hacer mucho. Te dejo abrazos, gracias por educarnos en estos temas.

    1. ¡Ana! Me alegra verte por aquí y charlar con calma. Y nada de «educar», por favor jaja; al final uno solo comparte sus cuadernos de notas y las dudas que le quitan el sueño, intentando ordenar ideas entre tanto ruido.

      Tenías toda la razón con lo de los comentarios: antes tenía secciones en la web donde mostraba pruebas y resultados de la revista IAmania, y en esas páginas los tenía desactivados por defecto. Pero he decidido parar todo ese proyecto por las reservas de fondo que tengo ahora mismo; he retirado ese contenido y en el blog ya solo dejo mis propios escritos. Así que ahora sí: la puerta de la tertulia está abierta de par en par, nada de conformarse con dejar solo una «chispa».

      Y sobre lo que comentas… comparto de lleno tu mirada. El problema jamás ha sido la herramienta ni los algoritmos, sino nosotros, el ser humano. La verdadera amenaza no es que las máquinas cobren conciencia, sino la irresponsabilidad absoluta de un puñado de gigantes tecnológicos enzarzados en una carrera ciega por ser los primeros, donde lo único que manda es el beneficio a corto plazo y la cuenta de resultados del próximo trimestre. Cuando la codicia corporativa pisa el acelerador sin pararse a pensar en las consecuencias éticas, laborales o sociales, el peligro no está en el código, sino en las manos que lo financian.

      En fin… el tren ya está en marcha y no va a frenar, pero al menos nos queda mantener la lucidez para no tragar con cualquier relato que nos quieran vender.

      ¡Un abrazo enorme con todo el cariño! 🫂

  7. Magnífica reflexión, Miguel.
    Siempre hay que buscar el lado bueno de todo para empezar a ver las cosas de otra manera. Es admirable cómo tu desconexión de más de un año te ha permitido ver cómo ha evolucionado la IA en tan poco tiempo y los peligros que nos puede acarrear si no conseguimos atarla un poco en corto. A veces parar no es perder el tiempo, sino empezar a reinterpretarlo desde una nueva perspectiva. Si ya hemos llegado a ese punto que parece de no retorno en que ya no podemos probar que algo es falso o es verdadero, pronto no vamos a poder demostrar que somos humanos.
    Desde luego, da mucho qué pensar y tú lo expones con una claridad tan meridiana que da gusto leerte.

    Un abrazo enorme.

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